Crecer junto a un perro es una de las experiencias más enriquecedoras que creo puede tener una persona. Compartir la infancia con un perro puede traer múltiples beneficios para el desarrollo, tanto del niño como del can. Sin embargo, para que esa experiencia sea gratificante, armoniosa y segura es necesario tener presente varias consideraciones y fomentar una convivencia basada en la educación y el respeto.
En este artículo, analizaré las incidencias de la convivencia de bebés o niños con perros, los beneficios, los posibles riesgos y las consideraciones claves a tener en cuenta para garantizar una relación positiva.
Beneficios en el niño de crecer con un perro
Desarrollo emocional y social
Los niños que crecen con perro suelen desarrollar mayor empatía, responsabilidad y habilidades sociales. Las interacciones entre niño y perro fomentan la comunicación no verbal, el respeto y el entendimiento de las necesidades del otro. El niño aprende al mismo tiempo a interactuar y comunicarse con su familia humana como con su compañero canino, aprendiendo de él y su comportamiento como si de otro idioma se tratase.

Reducción del estrés y la ansiedad
Diversos estudios han demostrado que los niños que tienen contacto con perros pueden sentirse más relajados y seguros, ya que esto reduce los niveles de cortisol (hormona del estrés) y aumenta la oxitocina (hormona del bienestar).
Beneficios para el sistema inmunológico
Existen muchas investigaciones que sugieren que los bebés que crecen en lugares con perros desarrollan un sistema inmunológico más fuerte. La exposición a ciertos microorganismos presentes en los perros podría ayudar a reducir el riesgo de alergias y enfermedades respiratorias como al asma.
Estímulo para la actividad física
En los tiempos actuales en donde los dispositivos electrónicos promueven el sedentarismo infantil, el hecho de tener un perro en casa puede resultar un estímulo muy beneficioso para el niño que fomenta el movimiento, ya sea a través del juego, los paseos o la simple interacción con el animal.

Apoyo en el desarrollo del lenguaje
Para los niños pequeños, hablar con su perro y nombrar acciones y objetos relacionado con el animal puede contribuir al desarrollo del lenguaje y la expresión verbal. Esto puede apreciarse de manera más evidente en niños con problemas de trastorno del lenguaje, autismo o trastorno en el desarrollo del habla.
Comprensión de la vida y la muerte
El vínculo entre un niño y su perro puede desempeñar un papel crucial en su comprensión de la muerte y el duelo. Por motivos naturales, la muerte del perro es con mayor probabilidad la primera pérdida de un ser querido que el niño tendrá que afrontar. Más que verlo como un hecho dramático, es una lección sobre el ciclo de la vida que le permite al niño procesar emociones en el duelo como la tristeza, el vacío y la aceptación. El niño aprende a expresar sus sentimientos y a recibir consuelo. Desarrollará herramientas emocionales para futuras pérdidas, así como ideas sobre la muerte y la vida después de ella. Obtendrá valores sobre la consciencia y el valor del presente, y de recordar con cariño a los seres queridos que ya no están.
Consideraciones a tener en cuenta en la convivencia
Posibles alergias
A pesar de que la convivencia con perros reduce el riesgo de alergia a largo plazo, en ciertos casos se puede desencadenar reacciones alérgicas en niños predispuestos y con antecedentes familiares.
Riesgos sanitarios por enfermedades
Los perros pueden portar parásitos, bacterias y virus que podrían afectar a los niños, especialmente a los bebés con un sistema inmunológico inmaduro. Se requiere por tanto tener una higiene adecuada, desparasitar y vacunar regularmente al perro.
Riesgos de accidentes y mordeduras
Los niños pueden realizar movimientos bruscos o ruidos fuertes que un perro puede mal interpretar. Incluso pueden llegar a tirar de las orejas y del rabo sin entender que esto pueda molestar al animal. Un perro con un simple movimiento reactivo puede ocasionar daño a un crio. Por lo cual es importante no dejar al bebé y al perro solos sin supervisión. Es de vital importancia conocer el lenguaje corporal del perro y detectar a tiempo signos de incomodidad o estrés. En este punto tenemos que incidir mucho en la educación tanto del niño como del perro para que exista una comunicación respetuosa.
Problemas de comportamiento en el perro
Si bien en el punto anterior se nombra como accidente alguna reacción del perro que pudiera ocasionar daño a un niño o bebé, en este caso consideramos que los daños pueden ser intencionados si la educación de nuestro perro no es la adecuada. Un perro poco equilibrado a nivel emocional y sin la educación apropiada puede tener comportamientos no deseados ante el bebé debido a celos, reclamación de recursos y/o territorialidad que pueden desencadenar en mordidas.
Consejos para una convivencia armoniosa
La clave que garantiza una convivencia segura y armoniosa es la educación tanto del bebé o niño como del perro.
Si tienes perro y esperas una bebé
Anticipa los cambios, introduce nuevas rutinas de manera progresiva para que el perro no asocie la llegada del bebé con mayores restricciones y menos atención.
Refuerza la obediencia paraque tu perro obedezca órdenes básicas.
Sigue compartiendo momentos de calidad con tu perro tras la llegada del bebé.
Familiariza al perro con olores del bebé incluso antes de que llegue a casa. Permite que huela su ropa.
No ocultes al bebé a tu perro. Trabaja con el perro y prémialo fomentando siempre un estado de calma y una energía tranquila. Supervisa todas las acciones.
Educar al bebé según crezca es importantísimo para que sepa respetar y aprenda como interactuar con el perro de manera adecuada.
Si tienes bebé y quieres adoptar a un perro
Elige bien la raza y el temperamento adecuado. Elegir un cachorro adecuado nos evitará muchos quebraderos de cabeza posteriores. Es recomendable consultar con un profesional o experto en cinología si tenemos dudas al respecto y queremos tener claras todas las consideraciones.
El primer encuentro entre el perro y el bebé debe de ser positivo para ambos. Debe de realizarse en un ambiente tranquilo, evitando ruidos fuertes y movimientos bruscos.
Es aconsejable reforzar positivamente con caricias o golosinas el buen comportamiento del perro cuando está con el bebé.
En ambas circunstancias es muy importante educar al perro de la manera adecuada, marcándole límites y aplicando disciplina, a la vez que respetamos y cubrimos todas sus necesidades. Así como incidir en la educación del bebé o niño a medida que crece para que entienda a su perro y sepa cómo tratar con él y respetarlo. Fomentar momentos de calidad con el perro y el niño. Y, en la medida de los posible, hacer que el niño colabore con tareas sencillas como ponerle agua, cepillarlo, etc.
Señales de alerta en la relación perro-bebé o niño
Es muy importante tener ciertos conocimientos sobre comportamiento canino para poder evaluar correctamente la comunicación no verbal del perro en los momentos que pasa junto al bebé o niño. Ya que es importante estar atentos a cualquier tensión o incomodidad en la convivencia. Algunos signos que nos alertan de estrés en el perro pueden ser:
- Lamerse en exceso los labios sin haber comido.
- Jadeo desmesurado para su actividad actual.
- Bostezar con frecuencia sin estar cansado.
- Girar la cabeza o evitar al niño.
- Ronroneo, gruñidos, levantamiento de belfos o postura rígida.
Si observas algunos de estos signos y te parecen normales, te recomiendo que los consultes con un profesional que pueda hacer una valoración.
Por mi propia experiencia puedo decir que, para un niño, criarse con un perro es una de las experiencias de la vida que nunca olvidará a pesar de los años. Lo he vivido yo de niño y se lo hecho a vivir a cada uno de mis hijos con distintos ejemplares. Y a pesar del trabajo y responsabilidad extra que supone, que nunca hay que olvidarlo, el beneficio en todos los aspectos ya nombrados hace que lo considere altamente recomendable si sabemos ofrecer la educación adecuada tanto al crío como al perro.









